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Epic Editorial

Rafael Nadal y el boom deportivo español

Rafael Nadal y el boom deportivo español

Hasta hace unas décadas, a nivel deportivo, España fue conocida por ser la cuna de grandes toreros y también por las glorias escritas entre el Real Madrid y Barcelona, distando de ser reconocida como una potencia del deporte en el mundo. No obstante, a finales de la década de los 80s, sirviéndose de  la cercanía de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, el gobierno aprovechó para además del apoyo estatal, invitar a la iniciativa privada a invertir fuertes cantidades de dinero en impulsar el deporte. Vía la formación de escuelas deportivas. Instituciones que crearon toda una red de captación y desarrollo de talentos, quiénes años después no tardaron en entregar excelentes dividendos.

Hoy no viven del pasado…son toda una realidad. Los resultados son su mejor carta de presentación para argumentar que están atravesando un boom deportivo. Y es lógico, ya que cuentan con atletas estelares en variadas disciplinas como Alberto Contador (Ciclismo- 2 veces ganador del Tour de Francia), Fernando Alonso (Automovilismo- 2 veces ganador del Campeonato Mundial de la Fórmula Uno), los hermanos Paul y Marc Gasol (ambos jugadores de la NBA y parte de la Selección Española de Baloncesto, que consiguiera la medalla de plata en Londres 2012) o la propia furia Española de Iniesta, Xavi Hernández, Iker Casillas, quiénes consiguieron alzarse con la Copa Mundial de Fútbol Sudáfrica en el 2010, además de ganar dos Eurocopas.

Si bien, cada uno de estos atletas ibéricos cuenta con el palmarés deportivo para ser denominado “el rostro” del auge que está viviendo el deporte en España, resulta difícil que puedan tener más peso que la figura emblemática de Rafael Nadal, El toro de Manacor.

El oriundo de Mallorca, España, por más de una década ha sido protagonista de la Asociación Profesional de Tenistas (ATP), contando entre su curricular deportivo con 14 Grand Slam, siendo el segundo jugador profesional con más Grand Slam en la historia del tenis, por detrás de Roger Federer (17)- 4 veces campeón de la Copa Davis, Medalla de Oro tanto en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 (Singles), como en Rio 2016 (Dobles), finalizando tres años en la posición número uno del ranking profesional( 2008,2010 y 2013), además de poseer más de 69 títulos ATP.

Rafa Nadal luce portentoso en cualquier superficie, toma tintes de imbatibilidad al pisar una cancha de arcilla y es sobre el polvo de ladrillo donde ha erigido gran parte de su leyenda. Con nueve títulos, es el tenista que más veces ha ganado el Roland Garros, además de contar con ocho Masters de Monte Carlo, siete Masters de Roma y tres Masters de Madrid. Esto se completa con ocho campeonatos del ATP 250, Conde de Godo, celebrado en la ciudad de Barcelona.

Por si fuera poco, el tenista mallorquín cuenta con el mejor porcentaje de victorias de por vida en una superficie: ¡91.58%! Muy por encima de leyendas como el argentino Guillermo Vilas (79.%84) y el sueco Bjon Borg (58.45%). Números con suficiente sustento para considerarlo como ¡el mejor arcillista de todos los tiempos en el tenis!

Nadal, pese a poseer números espectaculares, no se ha escapado de recibir críticas un tanto fuera de lugar, acusándolo de estar próximo a “colgar la raqueta” ¡Nada más alejado de la realidad!

Es cierto que en los últimos años, las lesiones no le han dado tregua, mermando su desempeño e inclusive, obligándolo a poner fin antes de lo esperado a su calendario de competencias. Pero no olvidemos que ¡apenas cuenta con 30 años! Estudios de la ATP indican que un tenista top 10, comienza su declive posterior a los treinta y tres años. Esto quiere decir que aún le quedan tres o cuatro años de gran nivel tenístico. No es tiempo aún de prender los focos rojos.

Reza el dicho que para resultados diferentes, acciones diferentes”. Hoy más que nunca, Rafael Nadal debería tomarlo como lema de batalla. Pese a que a lo largo de su trayectoria deportiva se ha caracterizado por desplegar un juego sumamente físico, de entretejer y desarrollar los puntos, buscando el desgaste del contrario, llegó el día en que está estrategia le ha cobrado factura al propio raquetista español. Por lo cual, es de carácter prioritario, en conjunto, con su eterno preparador y tío, Tony Nadal, diseñar un nuevo estilo de juego que le permita prolongar la curva de éxito y lo blinde de futuras lesiones.

Antes de formular preguntas en torno a Nadal como: ¿Podrá recuperar la posición número uno? ¿Volverá a ganar otro Grand Slam? ¿Podrá llevar a España a ganar otra Ensaladera de Plata?, es necesario detenernos y analizar los severos e intolerantes que podemos ser con las grandes figuras del deporte. Atletas que por muchos años e inclusive décadas, han mantenido un rendimiento de excelencia. Con tremenda facilidad creamos héroes y villanos del mundo deportivo sin reparar en que más allá de ser deportistas son seres humanos y, por ende, sin excepción, tienen un clímax y un declive. Es ley de vida.

Es una realidad que en la escena del tenis mundial han surgido nuevos estelaristas, quiénes gracias a sus cualidades tenísticas, pero sobre todo a su juventud, han escalado posiciones en la cima del ranking. Milos Raonic(3°), Stan Wawrinka(4°), Kei Nishikori(5°) y Dominic Thiem(8°) han relegado al oriundo de Baleares hasta el noveno escalafón. No obstante, ninguno de ellos e inclusive, ni Andy Murray y Novak Djokovic– número uno y dos del mundo respectivamente- han desplegado un juego tan dominante y aplastante como el de Nadal, en plenitud de condiciones físicas en años anteriores.

Aquí radica el gran legado de Rafa Nadal, ya que ha sabido mantenerse competitivo a lo largo de varias generaciones tenísticas. En su debut, lo vimos recibir la estafeta y sobrellevar perfectamente el cambio generacional de la antigua Armada Española encabezada por Carlos Moyá, Juan Carlos Ferrero, Tommy Robledo, e inclusive- en base a números- superar sus resultados.

Así, se volvió el líder de una nueva camada que hizo del triunfo a nivel internacional un hábito, con nombres cómo: David Ferrer, Feliciano López, Nicolás Almagro, Fernando Verdasco y Albert Montañes. Todos contribuyeron a quitar el antiguo estigma de que el prototipo de tenista español sólo era especialista en arcilla. Hoy, cualquier integrante de está “Generación Dorada” puede ganar algún certamen, ya sea en arcilla, césped o cancha dura.

Nadal ha trascendido las fronteras del tiempo, ya que al igual que quedarán grabados para la posterioridad sus “épicos” duelos en Wimbledon, Roland Garros y el Abierto de Australia, contra el suizo, Roger Federer, también lo serán las confrontaciones contra Novak Djokovic, o recientemente, contra el argentino, Juan Martín del Potro, en semifinales de los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro 2016.

El deporte es un flashback de recuerdos, todos tenemos un motivo o un por qué. Empezamos a amarlo, volviéndose más que un gusto, una adicción y religión. Partiendo, antes de ser especialistas, simples aficionados. Yo lo fui y en mi mente quedará grabado con tinta indeleble aquel momento en el Abierto Mexicano de Tenis (2005), celebrado en Acapulco, Guerrero. En el, un joven Rafael Nadal, de apenas 18 años, posterior a erigirse por primera vez campeón del certamen (lo volvería a ganar en el 2013), le hizo la tarde a un adolecente de quince años de edad, regalándole su autógrafo sobre una pequeña pelota de tenis, seguido de un ¡Buena suerte, chaval!

Hoy, ese adolecente escribe este artículo y ese “épico” instante marcó su vida, siendo un fundamento para decidirse a estudiar la Licenciatura en Periodismo… ¡Vaya alcance e inspiración que puede tener un deportista dentro del ímpetu de la juventud!

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